Mario Vargas Llosa siente devoción por Madame Bobary. Por la novela, a la cual dedicó el ensayo La orgía perpetua, y por su protagonista, Emma. Lo cuenta el escritor Martín Casariego (Madrid, 1962), en su obra El amor y la literatura, como muestra de que la vida y la ficción no son tan fáciles de separar como parece a simple vista. Se pone a sí mismo como ejemplo —”yo estuve enamorado de Clara, la heroína de El sueño de los héroes, de Bioy Casares”— de lo que podría ser una larga cadena de personas de carne y huesos que han bebido los vientos por personajes de tinta y papel.
Martín Casariego analiza en su libro distintas clases de amor (primer amor, amor ideal, amor romántico, amor no correspondido, etc.) que han sido el motor de grandes obras de la literatura universal (Don Quijote, Cyrano de Bergerac, La Celestina, Werter, Cumbres borrascosas…). Sus protagonistas, con distinta suerte, se embarcaron en historias vertiginosas, impregnando nuestro espíritu de una mezcla de fascinación y envidia.
Madame Bobary es, junto a Anna Karenina, el prototipo del amor frente a las convenciones sociales. Emma, casada con el aburrido Charles Bobary, no duda en enfrentarse a la moral de su tiempo en busca del placer y el goce sensual. Los dos hombres con los que comete adulterio se aprovechan burdamente de su espíritu idealista y provocan el final trágico de esta gran obra de Flaubert: Emma, humillada y arruinada, no resiste más y se suicida.
Como en muchas otras novelas del XIX, la mujer es la víctima frente a una sociedad hipócrita. El personaje de Madame Bobary es plano y su evolución resulta coherente de principio a fin. Le falta la fuerza y el atractivo de Carmen, la gitana medio bruja de Merimée, que, en la misma época, nunca renunció a su libertad. Fiel a sí misma, su vida donjuanesca acabará igualmente en tragedia.
En el siglo XXI la sociedad también es hipócrita y valora mucho la monogamia. Pero resulta difícil enamorarse de un personaje como el de Emma. Puede incluso resultar ridículo apoyarse en Madame Bovary para justificar el adulterio. Uno de los grandes momentos cómicos de la película argentina Tiempo de valientes (2005) sucede cuando el psicólogo protagonista del filme (Diego Peretti) descubre que su mujer le ha engañado con un profesor de literatura. Entre sollozos, la esposa (Gabriela Izcovich) dice que su amante le regaló los oidos al compararla con Madame Bobary por su coraje y gallardía. En medio de una monumental bronca, el marido se despacha a gusto: “Madame Bovary era una mujer valiente porque vivió en otro siglo. Las mujeres eran reprimidas y no engañaban a sus maridos. Hoy todas las mujeres engañan a sus maridos, así que vos sos una pelotuda más”.
31 diciembre 2008
¿Enamorarse de Madame Bobary? Difícil, no imposible
Publicado por tomas roman en 08:13
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1 Comment:
Curiosamente leía el otro día la novela de Almudena Grandes, Atlas de Geografía Humana, en la que una de las protagonistas dice: "De todos los modelos de mujeres insatisfechas que detesto, el que más definitivamente me saca de quicio es el construido alrededor del prestigioso axioma 'yo lo que necesito es tener una aventura'. Es que no se puede ser más gilipollas".
No sé si lo interpreto como la autora, pero entiendo que ese modelo de mujer sería la versión moderna de M. Bobary.
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